Inmigración y delincuencia en España

CAINISMO HISPÁNICO

Una vez más la verdad fue atacada.
Una vez más se pusieron de manifiesto el desconocimiento y las falsedaes historicas sembradas en la mente de no pocas generaciones, por parte un sistema educativo que no hace sino contribuir a la destrucción de toda idea de pertenecia a un fin común, y que por lo tanto nos niega la posibilidad de ser libres a través del conocimioento de nuestra Historia, con sus errores y aciertos, esos que nuestro predecesores cometieron para bien o mal y que han determinado lo que somos actualmente.
Tradiciones y acontecimientos históricos maquillados sin pudor bajo la bandera de la ignoracia y al amparo de ésta, la obscena falacia que lleva a no pocos a preferir ser cabeza de ratón.
Craso error el de renegar de la otrora victoriosa.
No pueden ser sino producto de la ignoracia, pues de jóvenes parlamentarios estoy hablando, los desmanes a la Madre, así como los discursos de verbo encendido ávidos de mostrar diferencias irreconciliables y excluyentes entre hermanos, en busca de un cisma a todas luces antinatura. Debiera hacerse todo lo contrario, pues son estas peculiaridades sumadas a nuestras raices comunes, los factores de nuestra grandeza.
España, antaño gloriosa, vanguardia en tantos frentes, está siendo desmembrada no solo en el campo dialéctico sino por la via de los hechos, pues sus propios vástagos no son conocedores de su Historia, ni aprecian el esfuerzo de aquellos que mucho tiempo atrás empeñarón su vida bajo una idea de unidad.
Resulta devastador contemplar mentes jóvenes despojadas de todo arraigo, sin mas interés que el consumo o aquello que alcanzan a ver sus ojos, prestas a ser devoradaras por el Capital sin el más minimo atisbo de resistencia.
Únicamente a través del conocimiento y respeto de nuestra Historia podremos hacer frente al mal que nos acecha y salvaguardar así nuestra Identidad común española y europea.
Desgraciadamente ya no retumba el viejo lema ¡Santiago y cierra, España! en las mentes hispánicas, éstas ni siquiera saben de la existencia de aquel grito tantas veces arrojado al enemigo.


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